El niño feliz. ¿Cómo conseguimos que un niño sea feliz? La gran pregunta de la educación, esa pregunta que en teoría preocupa a todo educador, sean padres o maestros pero ¿en la práctica también? Por los ejemplos que podemos valorar a lo largo de nuestras vidas vemos que no, que la teoría es muy bonita pero la práctica es un reto que queda lejos para muchos.
Autoestima infantil. A veces creemos que el mundo de los adultos es el único mundo válido, que sólo nosotros tenemos estabilidad emocional, que sólo nosotros tenemos autoestima, olvidándonos de que los pequeños también son personas y en el mismo momento de nacer ya son personas con autoestima propia. Este es un tema que a mí como futura docente me preocupa mucho, el hecho de tener en mis manos la autoestima de mis alumnos, de que una palabra, una actuación mía pueda ser recordado para el resto de su vida en cualquiera de dichos alumnos. Me preocupa no tener las ideas básicas claras, el suficiente conocimiento en cuanto a psicología infantil se refiere. Quizás sea uno de los temas que más me preocupan porque el hecho de querer ser docente depende mucho de querer ayudar a esas personitas, de saber que puedes intervenir en la vida de muchas de ellas, de marcarles toda su vida, en definitiva de la preocupación constante por el bienestar de esos niños que serán el futuro. Y es aquí cuando pienso en otro de los temas que me preocupan, el contacto con los padres, creo que la educación que aporta el docente es un complemento a la que aportan los padres, y cuando se dan los casos de ignorancia al niño por parte de los padres, el docente tiene dos labores, educar sin una base previa y luchar con el punto de vista de los padres de esos niños, lo cual creo que es perjudicial para el niño, para su autoestima. Leyendo ‘El niño feliz’ me he parado a pensar en muchos casos de autoestima infantil, ¿Cuántos adultos se comportan de unas u otras maneras por causa de un trauma infantil, por una autoestima negativa, una autoestima baja? Si miramos a nuestro alrededor, y nos paramos a pensar vemos constantes ejemplos de ello. Me parece interesante intentar buscar el inicio de esa autoestima baja, el por qué de ello, para poder intentar ayudar a esa recuperación de autoestima. La tarea de ser padres es difícil y hasta el mínimo detalle puede hacerte cometer un error. Este libro no ayuda solo a los padres con sus pequeños, también puedes aplicar los contenidos a ti mismo. Ayuda a manejar situaciones y para eso te pone ejemplos concretos sobre los que te puedes apoyar.
Como bien explica Dorothy Corkille Briggs en su libro, somos el espejo de los más pequeños, algo que todo el mundo sabe, ¿cuántas veces habremos escuchado aquello de ‘Mira Maria lo hace todo igual que su madre’? Pero, ¿alguien se ha parado a pensar todas las consecuencias que pueden obtener las reacciones espejo? Viendo la realidad diaria creo que no, que tristemente son la minoría los que se preocupan de todo ello, la gran mayoría de los padres se limitan a la rutina diaria, a las necesidades que creen básicas (Alimentación, higiene, y educación). Yo lanzaría el mensaje de ‘da ejemplo con lo que haces no con lo que dices’, por otra parte también nos encontramos el espejo al mismo nivel, es decir, el espejo de los compañeros de clase y de los amigos. Hay niños que se sienten realmente frustrados porque la imagen del espejo que reflejan sus semejantes no corresponde con él, y es una situación peligrosa en la que el niño puede llegar a encerrarse en sí mismo, creyéndose inferior a los niños de su alrededor. Personalmente creo que el problema reside en la sociedad, en los valores y prejuicios que imponemos, que aunque sean inconscientes están ahí, quizás sea un problema difícil de solucionar en cuanto a tiempo se refiere, ya que no es fácil dejar atrás pensamientos y actitudes que vienen dictados de padres a hijos durante tantísimos años. Hoy en día se habla de las personas liberales, que aceptan todo aquello que ellos consideran ‘raro’, pero ¿aceptar las cosas? Creo que es una equivocación, ¿aceptan pero se siguen sintiendo superiores? La libertad en una democracia como la nuestra debería estar no solo permitida sino exigida en el pensamiento de todos, aunque aquí nos volvemos a encontrar con algo contradictorio: no se puede exigir la libertad, por lo que si no se le puede pedir a toda una sociedad, empecemos concienciando del problema a las familias para que recapaciten y pongan soluciones al problema.
Principalmente los padres deben hacer sentirse a sus hijos cómodos con su propia personalidad, con su propio cuerpo, con él mismo. Y empecemos diciendo a los padres que valoren a su hijo tal y como es y que lo quieran incondicionalmente sea como sea, para que el niño pueda llegar a quererse, que forje en él una autoestima positiva, hacerle sentir seguro de sí mismo, para que los comentarios del exterior no puedan hacerle daño o le hagan el mínimo daño posible. Los padres que consigan esto conseguirán que sus hijos sean felices el resto de su vida, que sus hijos tengan la fuerza necesaria para conseguir todo lo que se propongan en la vida y no vean más que los obstáculos propios de las situaciones que emprendan en momentos determinados, conseguirán que su hijo vaya con la cabeza alta por la vida, sintiéndose querido y siendo capaz de querer, siendo tal y como es en todo momento, sin ocultarse su personalidad, ni poniéndose mascaras, haciendo que tengan un crecimiento positivo y fomentando el desarrollo pacifico. Llegando al resultado de que el niño se resulte coherente. Con todo lo anterior veo importante resaltar que de lo único que se habla es de sentimientos, no de ningún tipo de valor material, al niño hay que quererlo dándole cariño, dándole amor, no dándole juguetes. Debemos hacer que el niño confíe en sus padres, sin olvidar que los padres son su vida, su máximo espejo, las personas a las que más quieren y necesitan apoyarse en ellos.
En ocasiones los adultos menospreciamos los sentimientos de los niños, y debemos saber que sus sentimientos de rabia, miedo, angustia, etc, son muy reales, por ello debemos tenerlos muy en cuenta. Tendríamos que saber y ser muy conscientes que muchas veces las reacciones de mal comportamiento se deben al sentimiento de rechazo, se sienten tristes o inseguros, están desanimados, les falta confianza, y como personas preocupadas por el entorno de la educación debemos poner soluciones a dichas situaciones, tenemos que comprometernos con todos estos problemas que pueden afectar a toda la vida del niño llegando a su etapa adulta con problemas emocionales que pueden llegar incluso a ser, en algunos casos, verdaderamente graves.
Los niños que se sienten confiados, suelen relacionarse de manera positiva con otra gente. Por el contrario, los niños que no tienen mucha confianza en si mismos, tienen a menudo problemas para comunicarse con otra gente. A los niños les encantan los elogios. Los elogios deben ser específicos y sinceros para que tengan un efecto positivo. No es necesario que los educadores esperen hasta que los niños hagan algo excepcional para elogiarlos. Elogiar a los niños por cosas cotidianas como estar listos a tiempo para la escuela es suficiente. Lo que importa es que los padres se concentren en las cosas positivas que hacen sus hijos, no en las cosas negativas. Las críticas y los rechazos por parte de los padres suelen tener como consecuencia que los hijos tengan poco amor propio. Necesitan que se les demuestre amor y afecto por medio de palabras y contacto físico. Los padres deberían decirles a menudo a sus hijos que los quieren y que ellos son especiales. Se les puede mostrar cariño con un abrazo, una palmada en el hombro, un beso, etc.
Nadie es perfecto, y los padres no deberían esperar que sus hijos lo sean. Los niños necesitan saber que sus padres los aceptarán tal y como son, con fallos y todo. Tal aceptación ayuda a los niños a sentirse seguros de si mismos, lo que resulta en el desarrollo de una imagen positiva. Algunos padres pueden pensar que deben presionar a sus hijos para que se desarrollen mejor. En efecto, resulta lo opuesto. Niños que son aceptados por sus padres tal como son, estarán mas inclinados a sentirse suficientemente seguros de si mismos como para tomar riesgos y tener éxito. Los niños que son presionados por sus padres pueden terminar resentidos y rebelarse contra ellos. En lugar de criticar a los niños cuando comenten errores, los padres deberían de convertir estos errores en lecciones positivas, y en lugar de presionarlos pare superarse, deberían de poner menos presión y ofrecerles elogios y aliento. Los sentimientos de tristeza, preocupación y abatimiento en los niños son semejantes a los que se desencadenan en la edad adulta. Cuando un niño presenta sintomatología depresiva, no debemos pensar siempre que se trata de meras preocupaciones infantiles pasajeras. Debemos dar a estos comportamientos el trato que se merecen porque incluso podría llegar a serlo con un trato poco apropiado del problema o potenciar el problema. Valoremos pues a los niños como se merecen, pues a ellos les preocupan tanto sus problemas como a nosotros los nuestros.
Por otra parte debemos saber como inculcar a los pequeños los valores morales necesarios para formarse como personas. Las nociones de bien y de mal, de positivo y de negativo, de libertad y de responsabilidad, se forman en los primeros años de vida, por lo tanto, es aquí donde se construyen las bases. Después de esa etapa es difícil transformar esos valores. De ahí la importancia de estimular su desarrollo desde la infancia, mediante la estimulación de comportamientos como el orden, el cuidado por las cosas, los buenos hábitos de higiene, alimentación y sueño, y la comprensión y aceptación de las normas de convivencia.
Uno de los factores más importantes para que el niño pueda asimilar lo que implica actuar de acuerdo con unos valores, es observando comportamientos ejemplares en las personas que más admira y ama, es decir, sus padres, sus maestros… El niño ama y respeta a los demás de la misma forma en que lo hacen sus padres. Si ellos continuamente critican, condenan o humillan, él asumirá esta actitud con sus semejantes.
Para que sigan sus enseñanzas, es necesario que los padres sean un modelo positivo y digno de imitar, que les permita a los niños identificarse con sus principios. Y con ello debemos reflexionar sobre ese mal pensamiento que tenemos al decir que ya estamos educados cuando debemos saber que la educación es un proceso diario durante toda una vida, y es por lo que al tener la responsabilidad de la educación de un niño tendríamos que reflexionar diariamente sobre nuestras actitudes para así poder corregir nuestros fallos y dar una buena imagen a los más pequeños. Finalmente desde mi punto de vista creo que hay varias cosas que ni como padres ni como docentes debemos realizar:
No debemos castigar a los niños cuando no hagan o digan lo que nosotros deseamos, también tienen su opinión, a la vez que tampoco debemos resolver sus problema porque con ello conseguiríamos que dependa siempre de alguien para cualquier situación que se le presente en la vida, tampoco debemos avergonzarlo porque sería una causa de baja autoestima. Tampoco debemos darles recompensas materiales, porque a la larga conseguiríamos que infravalores a los sentimientos, y se vuelvan personas materialistas.
¡¡HAGAMOS DE NIÑOS FELICES….JOVENES Y ADULTOS RADIANTES!!
Por: Sonia García Martínez
Estudiante de Educación Primaria

